Joaquín Sinforiano, una breve nota

El 22 de agosto nació San Francisco de Cara Joaquín Sinforiano de Jesús Crespo Torres, general en jefe y dos veces presidente de la República (1884-1886, y 1892-1898). El hombre leal del Ilustre Americano, Antonio Guzmán Blanco, quien le aconsejó desde Europa su obra de gobierno. Su esposa era la viuda de Ramón Silva Mercado, Jacinta Pareja.

Ejerció como diputado en Guárico y luego en el Congreso Nacional, no abandonó las armas para demostrar su lealtad al Liberalismo Amarillo. Fue gobernador del extinto Estado Guzmán Blanco (hoy Aragua, Guárico, Miranda, Nueva Esparta, Vargas) y Ministro de Guerra y Marina. Tras la victoria de Rojas Paúl se exilió en Trinidad y Saint Thomas desde donde inició una fracasada invasión a Venezuela a bordo de la goleta Ana Jacinta que le valió su estadía en La Rotunda hasta que fue indultado y se dedicó a atender su hato El Totumo para luego exiliarse de nuevo, esta vez en Perú.

Como en la Venezuela del siglo XIX no había Ejército sino partidos armados, Crespo intentó institucionalizar un cuerpo castrense. Fue en vano. La situación del país no era la mejor. Sin embargo, al General Presidente se le debe el actual Palacio de Miraflores pues ordenó su construcción en 1884 al italiano Giussepe Orsi de Mombello. Sumado a ello el Arco de la Federación, el ferrocarril de Caracas a Valencia, el viaducto de El Calvario y otras obras más.

Sancionó una Constitución que estableció el voto universal, directo y secreto para la elección del Presidente de la República. Eliminó la censura a la prensa, decretó indultos y una amnistía general, apoyó y promovió hartamente el deporte nacional. Defendió a Venezuela de las pretensiones inglesas sobre el Esequibo lo que granjeó una tensa situación diplomática que al final fue negociada de forma notable.

En febrero de 1892 comandó la Revolución Legalista para derrocar a Raimundo Andueza Palacio que al cabo de casi nueve meses le llevó al poder en octubre de ese mismo año tras su entrada triunfal a Caracas.

Paradójicamente, Joaquín Sinforiano muere asesinado con un tiro certero por el guerrillero Pedro Pérez Delgado, Maisanta. ¡El pasado siempre tan vinculado al presente! Fue en la Mata Carmelera el 16 de abril de 1898. El Mausoleo que había mandado a construir para él y doña Jacinta en el Cementerio General del Sur fue profanado y sus restos mortales desaparecieron.

El oscurantismo que desde hace diecisiete años asaltó el poder ha pretendido soplar las cenizas de aquellos hombres que, pese a todo y en medio de tantas dificultades sostuvieron al país. Sino pregúntenle a Bolívar, a Gallegos y a quien sabe cuántos que han visto profanadas sus tumbas.

He apreciado en Joaquín Crespo una clara vocación democrática que sobresale en aquel inquieto y desolador siglo XIX que en no pocas ocasiones nos enfrentó como país y acentuó tanta la miseria heredada de la guerra de independencia. No en vano Bolívar reclamaba al final de su vida que era la independencia el único bien que habíamos adquirido.

La negación que muchas veces hacemos de la memoria histórica, de por sí tan frágil, ha sido una de las claves para que los temerarios se enquistaran en el poder como lo que son: un tumor maligno. Después de Crespo vendrían más aventuras caudillistas y el final del Liberalismo Amarillo, lo mejor de lo peor que tuvimos en aquel siglo. Entonces aparecería un personaje tan vulgar y vergonzoso como Castro. Luego vendría Gómez, el pacificador del que, en medio de sus sombras, surgió la gloriosa generación del 28 e inició el camino que tanto costó, la democracia.

Robert Gilles Redondo

Nota: Joaquín Crespo, en 1893 fotografiado por William Nephew King