SOBRE LA ENMIENDA CONSTITUCIONAL

La transición democrática hacia la que debemos avanzar para superar la tragedia del socialismo del siglo XXI reclama de todos los sectores de la vida nacional la renuncia a las aspiraciones y visiones personales que tenemos sobre cómo resolver este gran problema que es la permanencia ilegítima de Maduro en el poder. Respecto a ello hemos avanzado. Una mayoría abrumadora que puede superar incluso 80% de la población está convencida que se debe salir de Maduro y que ese hecho debe producirse este año. Esto sólo tiene una razón: el país ha sido y sigue siendo destruido sin ningún tipo de contemplación por la horda de delincuentes que ocupa el poder.

De ese gravísimo nivel de destrucción al que está siendo sometida Venezuela surge el temor de volver a recorrer esos caminos violentos y buscar de forma inmediata una salida democrática y constitucional.  Todos estamos obligados a proceder con prudencia, con moderación y con una clara conciencia de la trascendencia de este momento para la historia y el futuro de la nación, para concretar al más corto plazo el método que permita salir de Maduro. En esto debo insistir: la salida de Maduro es condición para recuperar el país y eso debe producirse este año.

Así que ahora se medita sobre el momento y el método más oportuno para hacerlo, con la necesaria prudencia porque no se puede cometer ni un solo error:  Revocatorio (artículo 72 constitucional), la Enmienda para recortar el período (artículo 340 constitucional) y el escenario menos probable, la renuncia, son las propuestas que diversos grupos están promoviendo. También el poco probable proceso de destitución por parte del TSJ (entre otros motivos por la doble nacionalidad que posee Maduro) que, aunque es una vía rápida, implicaría la renovación del máximo tribunal, previa reforma de la Ley que lo rige y una serie de obstáculos que no voy analizar aquí.

Repetiré nuevamente, aunque parezca obsesivo, que la salida de Maduro es una condición para superar la tragedia humanitaria que él ha provocado desde que usurpó el poder en 2013. Tal carácter de ilegitimidad (originado en su doble nacionalidad, en la usurpación que avaló entonces el TSJ tras la muerte del expresidente o en el fraude electoral) obliga a las fuerzas democráticas apurar el paso y decidir el método. Estancarse o dividirse en torno a las discusiones sobre las formas ralentizan el problema de fondo que debe solucionarse.

Estoy ganado a la idea de una Asamblea Constituyente, idea que obviamente afecta a quienes de forma reciente ocupan los curules del parlamento. Suscribo la opinión del doctor Perkins Rocha para quien, por ejemplo, sostiene que la enmienda “es el peor camino” porque sería “recurrir a las mismas prácticas que usó Hugo Chávez para tejer un poder público a su favor”. En otras palabras, el cambio debe empezar por cabeza, dejando de pensar que la Constitución es un traje a la medida, de ese pensamiento provienen muchos de los males que vivimos. Lo cierto, por ahora, es que este tema de la Constituyente puede ser complicado y un comentario profundo exigiría una extensión que no me atrevo a dar en este momento de la vida política.

Es por eso que en vista de la emergencia que padece el país y que la única condición para superarla es salir del ilegitimo Maduro, la activación del referéndum revocatorio es la vía más próxima y rápida para lograrlo. Y como es imprescindible refundar la República para sanearla de todos los vicios que ha sembrado el narco-chavismo, debemos ganarnos a la idea de la Asamblea Constituyente.

Temo que una enmienda improvisada a la Constitución, que conllevaría a una innecesaria postergación del mandato al menos hasta diciembre, no es la respuesta que espera el país. Urge salir de Maduro a la brevedad, Venezuela ya no da para más. El desespero ya no es político, el desespero es el de un pueblo que ya no tiene comida, medicinas, dinero ni seguridad.

La encrucijada en la que se encuentra nuestra país y la terrible crisis que padecemos, de la cual todos somos responsables, ya sea por acción o por omisión, exige de quienes están en la vanguardia accionar con rapidez para evitar males de los cuales podríamos arrepentirnos hondamente.

Quiera Dios que las soluciones sean acertadas y favorables para todos en el muy corto plazo, porque a este punto todo parece indicar que peligrosamente nos estamos estancando.

Robert Gilles Redondo

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