En pocas horas se consumará en las Cortes el golpe de estado que lidera Pedro Sánchez y el PSOE contra España. No es un golpe cualquiera, aunque esté disfrazado de un pacto de convivencia, de perdón, de un “borrón y cuenta nueva” con los delincuentes del procés que, desde 2012, no han descansado en su intento de acabar con la unidad de España y con la Monarquía.
La investidura de Pedro Sánchez con la complicidad de quienes pretender ser los ejecutores de la unidad de la nación española, llega no para amnistiar a un país que, entre tantos fracasos propios, supere de una vez por todas las graves fracturas históricas que dejó la cruenta guerra civil española, cuyas heridas y cicatrices aún retozan en el alma de los españoles o para labrar un camino que le permita a España superar para siempre las ambiciones de los delincuentes catalanes que enarbolan la independencia para saciar solo, como Sánchez, su desmedida hambre de poder. No, al materializarse la investidura de Sánchez se está iniciando un camino que quizá no conozca un retorno. Y es que no debería terminar bien aquello que empieza implosionando las bases de un Estado, como el español, que pensamos ha madurado y ha sabido blindarse ante los escarceos de los que siempre apelan a la implosión.
Tras la amnistía que investirá a Sánchez se otorga un cheque en blanco a quienes están tan decididos como él a acabar con la España democrática que levantó con tanta fe en el porvenir Juan Carlos de Borbón. No es Puigdemont ni Sánchez solamente, es Iglesias y la banda de facinerosos que abultan la militancia de Podemos y es también la izquierda desquiciada que ha decidido voluntariamente suicidar al PSOE, situándole al lado de los verdugos.
La España que sigue a continuación de la ejecución política que se perpetra con la investidura de Sánchez, no volverá a ser la misma, a menos que y solo que haya una reacción y no se mantenga el estado de catalepsia o cuando menos de paralización que parecen tener las instituciones frente a esto. Vendrá la impunidad política. Vendrá la independencia de Catalunya. Vendrán zarpazos definitivos contra la institucionalidad democrática que terminará quizá en la defenestración de la Corona. Y con la caída de España vendrá un sacudón en Europa, muro de Occidente, que si se realizare habremos de lamentar.
Gracias a Sánchez, al PSOE, a SUMAR, a Podemos, se realiza un supuesto negado que debería avergonzar a España. Y que el futuro recuerde que el rojo que se ondea en las banderas del PSOE será el símbolo que se recordará en el futuro inmediato como la cinta luctuosa que acompañará el réquiem post mortem de la madre patria.
